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Boletín Culturín N° 26 – Brigadier Estanislao López

Si seguimos a los historiadores en general, el brigadier Estanislao López fue una pieza clave en los albores del país y mereció con justicia que lo llamen Brigadier. Su causa: forjar una nación republicana y federal. Si seguimos a Leoncio Gianello en particular, López era como un San Martín pero de proporciones más modestas. Todavía me resulta difícil distinguir si Gianello enaltece al prócer y lo lleva a la categoría de héroe, como hizo toda una corriente histórica, o si, efectivamente, el Brigadier era un hombre de hombros gigantes.

Brigadier Estanislao López

De las proezas destacables, hoy, 22 de noviembre, quiero mencionar tres. La primera ocurre cuando López se informa de que la provincia será atacada desde Córdoba y Buenos Aires. Entonces, galopa al oeste, doblega al enemigo en campo abierto y vuelve rápidamente a pelear en el frente sur donde la victoria lo acompaña nuevamente. Sabía que no podía presentar batalla en ambos frentes simultáneamente. La segunda hazaña consistió en llevar al invasor Ramírez y su gente campo adentro, aprovechando la noche y el conocimiento del terreno para doblegar al entrerriano en una masacre que definió el destino del vencido. La tercera se dio luego del fusilamiento de Dorrego. López, enfurecido por la injustificada decisión de Lavalle y por la avanzada de las tropas del unitario en Santa Fe, logró por medio del desgaste llevar al enemigo a un campo ideal para acampar pero repleto de mío-mío. Las tropas descansaban mientras los caballos morían intoxicados por alimentarse de los arbustos. Es deseo de Estanislao evitar la sangre, pero la arrogancia y el repliegue de Lavalle lo lleva a pelear en Buenos Aires, junto a Rosas, en el puente de Márquez y, ya victorioso, pedir la renuncia del unitario en la mismísima Buenos Aires.

La muerte de Dorrego desata la suerte de Lavalle y de Rosas. El primero se ve obligado a renunciar y el segundo comienza a adquirir poder luego de la batalla del puente. Pero el antiguo compañero de armas del Brigadier retrasa deliberadamente la sanción de una constitución y quienes fueran compañeros comienzan a rozarse. Es que López se da cuenta, con el correr de los años, de que Rosas aparenta un federalismo que no posee, que retrasa con cualquier clase de excusas el congreso constituyente y, como un anticipo del futuro de la política argentina, se viste de federal pero se comporta como un centralista. Incluso López desliza que la invasión de las Islas Malvinas no fue repelida debidamente por no existir esa República que Rosas se niega a constituir. Hombre de mil batallas, López busca evitar enfrentamientos y se rehúsa a llevar las armas hasta sus últimas consecuencias, como la aniquilación de los enemigos; algo que podría haber cambiado el destino del país. Por este motivo, el caudillo litoraleño desobedece al restaurador cuando le pide la ejecución del General Paz, prisionero en Santa Fe. La relación entre ambos se tensa pero no se corta.

Alguna vez, un aficionado a la historia supo indicarme que existían documentos (a los que nunca tuve acceso) donde constaba el deseo del generalísimo de invadir la provincia de Buenos Aires para obligar a Rosas a tomar el camino federal y de la nación. Hoy, en el día del nacimiento del Brigadier, me quedo con la proclama con la que parte a enfrentarse en la batalla decisiva con Lavalle:

“La Provincia de Santa Fe, idólatra de su honor, no permanecerá muda ante aquellos ultrajes. Vuestro gobernador lo reclamó del modo digno y conciliatorio que sabéis; sus quejas pacíficas han sido contestadas con el cañón. Una escuadra ha paseado con insolencia nuestros ríos, ha bloqueado nuestro puerto y hostilizado sus costas; las partidas de los sublevados pisan todos los días nuestro territorio. ¡Santafesinos! os desprecian y vosotros ardéis de indignación. (…) A nadie ofendisteis santafesinos, nadie os ofenderá impunemente: os lo prometo. Amigos, yo parto, voy a sostener la dignidad de Santa Fe. Esta idea endulza el sentimiento con que os saluda.»

Estanislao López

 
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Publicado por en 22 noviembre, 2021 en Boletín Culturín

 

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Morocho

Mi abuela, dueña de tantos prejuicios que hoy habitan en mí, me decía que tenga cuidado con él porque era militar y peronista. Esa era su forma de decirme que estaba en un terreno muy peligroso. Para mí, él era un mito. Nunca lo veía y hacía lo posible para no verlo. La severidad era su marca. Sentía terror cuando mi amigo lo nombraba y no me acercaba a su casa si estaban ocupados. Creo que a mis 20 años lo había visto tres veces. Después, entre asado familiar y cumpleaños, empezamos a tomar cerveza y a frecuentarnos. Para entonces, descubrí que no era militar y, mucho menos, peronista. Eso sí, la severidad era absolutamente verdadera.

Mi amigo se mudó pero no importaba. Para ese entonces yo era amigo, también, de su padre. Hablábamos mucho, tomábamos otro tanto. Mis viajes a Córdoba no eran tan frecuentes en verano (en invierno inexistentes) pero mis visitas a su casa eran insoslayables. Si le avisaba con tiempo, tenía aceitunas y una cerveza para tomar. Un fin de semana cualquiera, nos despedimos hasta la próxima.

Ese invierno, en Santa Fe, decidimos postergar el festejo del día del amigo una semana. No era un gran plan ir a jugar al bowlling, pero cuando todos tus amigos tienen familia con hijos pequeños, las salidas se tornan menos sofisticadas y sin riesgos. Aún así, decidí salir a pie para no manejar. No tenía intenciones de controlar lo que iba a tomar y no tenía decidida la hora de regreso.

Cerca de las dos, todo se termina. Me estoy subiendo al auto de alguien que vuelve a su casa y me lleva no recuerdo a dónde. Pero mientras reviso el celular y cierro la puerta, me llega un mensaje de texto desde Córdoba. WhatsApp todavía no existe, por lo que un mensaje de texto a las 2.00 significa que no pasó algo bueno. Mi dudas se vuelven certezas cuando leo que el papá de mi amigo (que, repito, también era mi amigo) tuvo un accidente muy grave. Llamé por teléfono para saber cómo estaba todo. Entonces supe que la muerte ya había desplegado toda su prepotencia y había tocado a mi amigo con sus dedos fríos.

Me importa un carajo la muerte. Vivimos como si no fuese inevitable y como si nunca llegara. Son las reglas de estar en estos pagos. Lo que me jode es esa arbitrariedad insolente que la distingue, la impotencia que genera cuando te arrancan a alguien a quien querés porque elegiste quererlo y te dejó que lo quieras. Me jode no estar listo para verlo alejarse, me jode no poder llevarle una cerveza y decirle: «Gracias por todo, Morocho. No soy el mismo que era, simplemente porque te conocí, porque hiciste una diferencia en mis días».

Estoy bastante sobrio. Me arrepiento de no estar completamente borracho para no sentir esta punzada en el pecho, para que no se me parta la cabeza del dolor, para tomarme todo con calma y que no me importe su ausencia, para poder decir «así es la vida» y vaciar otro trago en silencio, en su memoria.

Estoy sobrio, despierto, tratando de acercarle a su familia un consuelo que no tengo, una palabra que no existe, un abrazo del que no soy capaz. Lo único que puedo hacer es agradecer por todo lo que me enseñó y por todo lo que me quiso, a su manera. Tal vez nos encontremos del otro lado y él tenga cerveza, aceitunas y maní para convidarme, porque voy a andar con sed y ganas de conversar. Y que la cerveza esté fría, Morocho, no me hagas armar quilombo al pedo.

Cuidate. Dónde sea que estés, andá con cuidado. Siempre hay un pelotudo suelto y no sabés de dónde sale. Te quiero, Morocho. Creo no te lo dije porque nunca me animé. Ahora es tarde, pero ya voy a tener mi revancha. Me quedo con los tuyos, Néstor, y les digo que los quiero, porque ya no me lo guardo.

 
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Publicado por en 20 julio, 2020 en Misceláneas

 

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Existir – Jaime Barylko

Cultura: es lo que le queda a uno después de haber olvidado todo lo que aprendió.

La obra más genial no justificará jamás el dolor que la originó. No obstante no me atrevo a aceptar esta espina del presente en función de futuras rosas.

Kant trataba de demostrar. Kierkegaard trataba de vivir

Nunca irrumpas en mi soledad. Acurrúcate en algún rincón y aguarda. No sé cómo volveré. Sé que volveré

 
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Publicado por en 8 enero, 2020 en Leon Leyente

 

Poema Gatidad – José Emilio Pacheco

Gatidad

No es de Angora, no es persa
Ni de ninguna marca prestigiosa

Más bien exhibe en su gastada pelambre
Toda clase de cruces y bastardías.

Pero tiene conciencia de ser gata.
Por tanto
Pasa revista a los presentes,
Nos echa en cara un juicio desdeñoso
Y se larga

No con la cola entre las patas: erguida
Como penacho o estandarte de guerra.

Altivez, gatidad,
Ni el menor deseo
De congraciarse con nadie

Duró medio minuto el escrutinio

Dice la gata a quien entienda su lengua:
Nunca dejes que nadie te desprecie.

José Emilio Pacheco

 
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Publicado por en 7 julio, 2019 en Leo que Lee

 

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El retorno del naúfrago

— Mi Coronel: el caballero lo espera en la puerta. Se niega a entrar. —dijo con la voz firme, cumpliendo una orden.

Evocó su memoria y recordó aquella batalla. Habían avanzado toda la noche entre el silencio y la espesura del bosque. Sin sobresaltos, sin contratiempos. Pero más allá del río encontraron una defensa apostada en la llanura sin deseos de ceder ni un sólo centímetro del valle. Hubo disparos, hubo explosiones. Un centenar de muertos regaron la hierba en minutos. Pero esos rostros oscuros continuaron el avance entre el fuego, las detonaciones y la muerte. Sólo descubrieron la trampa cuando todo estaba irremediablemente perdido.

No hace falta decir que la hazaña fue un fracaso, que la conquista fue un escándalo y que todos perecieron en la furia del combate. Todos, menos un sargento primero que desde el principio sospechó la conspiración y sabía que el combate era sólo una forma de devolver favores, callar testigos y salvar honores.

El sargento, aún siendo iluminado por el conocimiento, cumplió la misión junto a toda la avanzada. Pero el destino no lo quiso ni muerto ni prisionero, y cuando su último compañero en armas cayó abatido, se arrojó en el campo como un muerto más, emprendiendo una retirada silenciosa, asediada por la vergüenza y manchada de venganza. Esa noche, la noche que lo dejaron solo en el campo, la noche que se llevó la obediencia marcial, volvió al campamento empapado de rencores, dispuesto a vengar la muerte de los inmolados.

Nadie esperaba que alguien pudiera escapar con vida de aquella masacre. Su regreso ni siquiera fue percibido. Entonces tomó un fusil y dos trampas y la cúpula conspiradora acabó esa misma noche, sumando en siete a los hombres caídos en combate. Luego se retiró y permaneció en el anonimato. No figuraba entre los muertos. No se contaba entre los prisioneros. Resolvieron enterrar su nombre con el resto de los abatidos, aunque en secreto lo recordaban como “el náufrago de las estrellas”, llevando poesía a donde solo había cuerpos.

Con el tiempo el soldado supo que los conspiradores eran ocho y el octavo no se hallaba presente en la noche a la que refiero. Las mismas coincidencias dejaron con vida a dos hombres enfrentados hasta la muerte; uno cómodamente sentado en su despacho esperando al otro: el sargento primero. No temía por la muerte física. Un Coronel no debe temer cuando sabe que acerca la hora, pero la deshonra lo sume en un pavor frío y desconsolado.El hombre en el umbral iba a matarlo. Para el vengador, la deshonra y la muerte significaban lo mismo. Y aunque perseguía el honor, no estaba dispuesto a pagar cualquier precio. Por esa razón se negaba a entrar. No mataría a un superior dentro de su propia casa.

El Coronel huyó como huyen los que se saben deshonrados. El Náufrago, por las mismas coincidencias que lo habían salvado aquella noche, anticipó la cobarde huida y en la puerta trasera se vieron los rostros. El hombre acorralado intentó apelar a las coincidencias que lo habían salvado alguna vez. Quiso hablar, pero nuevamente todo estaba perdido de un modo irremediable, porque el puñal le había atravesado el estómago. Su verdugo le entregaba una mirada gélida como toda despedida, recordándole su naufragio, los cuerpos caídos y toda la noche de las extrañas coincidencias.

 
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Publicado por en 19 febrero, 2019 en Cuenterías

 

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San Valentín

El 14 de febrero se celebran los enamorados. Un día especial para recordar que se ama a la pareja de la misma manera que se la ama el 15 de enero o el 31 de octubre. Dos días después, o antes, él tiene un encuentro fugaz con su amante y ella le reprocha el imperdonable hábito de dejar las medias en el medio del camino. Pero el 14 se aman mucho, muchísimo más que todos los que llenan el restaurant en el que Hernán y María también cenan.

Hernán se está esforzando. Dos años antes le regaló una caja de chocolates, pero falló en el San Valentín siguiente, con una tarjeta y una flor. Esta mancha en el curriculum de la pareja les recuerda que aquel año fue oscuro y de crisis. Un agravio que puede superarse pero no se olvidará. Eligen el salmón ahumado, un chardonnay cosecha dos mil diez y encargan el volcán de chocolate para el postre, porque saben que su preparación demora.

María toma el vino y sus ojos brillan. Cuenta, paso a paso, el gesto de Julián. Al parecer, estaba planeando el encuentro desde Navidad, cuando Renata deslizó, sin intención, que le gustaban los peluches, aunque ya no estuviesen de moda. Esa mañana de los enamorados despertó y encontró catorce ositos en distintas habitaciones, colgados del ventilador de techo, adentro de una olla y en la mismísima tapa del inodoro. Pero había uno más, el decimoquinto, sentado en el sillón preferido de ella con la sonrisa tierna y los ojos brillantes.

El salmón trajo detalles de Renata que Hernán escuchó de su novia en silencio, bocado a bocado, pensando en las horas extra de trabajo que le costaría la cena mientras su cuñado Julián y su esposa se llevaban la atención de Valentín. Clavó con fuerza la cuchara en el volcán para ver el chocolate, tibio y amargo, derramarse sin control. María no olvidó contar las anécdotas del año anterior, en la que mencionó, sin rencor, la tarjeta y esa flor recibida. Hernán pagó la cuenta sin mencionar las veces que Julián iba acompañado de mujeres que no se llamaban “Renata”. Sentía los pies gigantes, encarcelados por los zapatos. Todavía  le quedó resto para tomar un café y desentenderse de ella tras una descompostura fingida.

El siguiente día de los enamorados no los encontró juntos. Hernán llegó a su casa con los pies a punto de estallar. La chica con la que salía había preparado panchos con mucha mostaza y bien gratinados, justo en el momento en el que comenzaba Star Wars en el cable. Sentado frente al televisor, se quitó los zapatos y las medias.

María y Renata cenaron juntas en el quincho. Al parecer, un viaje de trabajo había sacado a Julián de la ciudad, pero había recordado dejar un ramo rosas. En el segundo malbec, María comentó los detalles del salmón ahumado y la atención de Hernán cuando ella hablaba, un año atrás. La conversación era difícil. Las inquietaba un detalle que no podían distinguir, como tampoco podían notar que, al lado del ventanal, un oso de peluche gigante y decolorado por el sol de un año completo, las observaba en silencio con la sonrisa simpática y los ojos brillantes, bien muertos.

 
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Publicado por en 14 febrero, 2019 en Misceláneas

 

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¿Cómo saber si un libro es bueno?

Cuando encontramos un libro que nos llama la atención en la biblioteca o en la librería, lo empezamos a revisar. ¿Pero cómo saber si el libro es bueno y puede darnos satisfacciones? La respuesta es más fácil si tenés algunas claves y podés tomar la decisión en poco tiempo.

Te cuento algunos trucos que me resultan útiles a la hora de elegir.

  1. Autor: si ya leíste algo del mismo autor y te gustó, es más fácil decidir. Esto es un obviedad, pero no decirlo es un error. Aún así, hay autores desequilibrados o mejores en un perfil que otro. Por ejemplo, prefiero al García Márquez periodista por sobre el literato. Benedetti tiene mayores logros en sus obras primeras, cuando maduraba más sus textos. Tomo a Conan Doyle en las historias de detectives pero lo dejo de lado en la parte esotérica.
  2. Contratapa: hay que leerlas con mucho cuidado. Ningún escritor o editorial va a decirte que tenés en tus manos un libro de mierda pero, a veces, incluye críticas o comentarios de otros escritores que ayudan a definir la elección.
  3. Edición: si un libro va por su tercera edición, significa que funciona. Cuidado con esto, porque un libro bien vendido no equivale a un libro bien escrito. Lo que da es un indicio de aceptación en el público y el público en general lee cosas que, tal vez, vos no.
  4. Calidad de impresión y diseño: este indicador no debe incidir mucho en la decisión. Hay libros muy buenos mal encuadernados y peor diseñados. Las editoriales conocidas suelen tener un diseño macro conservador, simple y poco atractivo. Cambian la foto de la portada y eso es todo. Algunas (como Anagrama) también cambian el color de fondo. Incluso los de tapa dura, ilustraciones y papel de muy buena calidad pueden encubrir un fiasco.
  5. Traductores: sí, aunque parezca mentira, la traducción suele un factor clave en la calidad del libro y en su precio. «Ser y Tiempo», de Martin Heidegger, tiene varias traducciones. Las mejores pueden costar hasta 5 veces más que las peores. Nietzsche, en una traducción pobre, pierde toda su potencia poética. Las que hizo Cortázar sobre las obras de Alan Poe, no han sido superadas. Conocer al traductor puede ser la diferencia entre la diversión y el aburrimiento.
  6. Editorial: la editorial, como marca, también tiene mucho que aportar. Hay editoriales que, sin importar el libro que compres, suelen «cuidar tu dinero». Esto merece un capítulo aparte, y por eso armé una lista de las 5 editoriales que más leo.
  7. Reseñas: leer las reseñas de lectores de un libro también nos permite tomar mejores decisiones. Recomiendo leer las calificaciones buenas y las peores. Los lectores más experimentados suelen hacer críticas con buenos argumentos y son menos proclives a ser condescendientes o regalar estrellas a una obra.

Con todos estos indicadores, saber si un libro es bueno es mucho puede resultarte mucho más fácil. Espero que te guste y, también, podés decirme qué otro criterio utilizás vos y podamos agregar a esta lista.

 
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Publicado por en 25 enero, 2018 en Leo que Lee

 

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¿Cómo elegir un libro? Claves para elegir qué leer y qué regalar

¿Cómo elegir un libro?Cómo elegir un libro para leer o regalar suele ser una pregunta recurrente. Incluso puede ser una tarea con cierta complejidad. Nadie va a morir ni el país se va a hundir porque vos no sepas cómo elegir un libro, hay que decirlo. Pero suele ser una tarea que genera incertidumbre y un poco de estrés cuando elegís un libro de entre miles. Esto pasa para quienes quieren regalar pero también con los que leen. ¿Cuál es el próximo libro que voy a leer? ¿Me va a gustar? ¿Cómo lo elijo?

Por eso hoy te tiro algunos trucos fáciles para que la decisión sea más rápida.

Elegir un libro para regalar

Si vas a regalar, lo mejor que te puede pasar es que conozcas de libros y a la persona que lee. En su defecto, que el homenajeado o alguien cercano te tire la posta. Pero si no estás en ninguna de esas situaciones, entonces regalale un vale o elegí cualquier libro que esté en el precio que pensás gastar. Solo asegurate de que se pueda cambiar. (¡Por las dudas, no lo dediques!)

Pero si sabés más o menos qué le gusta al homenajeado o sabés qué libro le gustó mucho, entonces las próximas líneas van a orientarte mejor. En algunos puntos, usamos algunos criterios que se usan para ordenar una biblioteca. No me voy a poner académico (aparte, no podría) y pongo lo más fácil que puedo las cosas a tener en cuenta.

¿Ficción o no ficción?

Una historia puede estar escrita de muchas maneras. Si la historia es inventada y no tiene hechos o personas reales, es de ficción. Si hay datos históricos o se da lugar a reflexiones, hablamos de no ficción. Es fácil suponer que estos espacios se solapan en algunos casos y jugamos con personas imaginarias en escenarios históricos de no ficción. Se puede dar una historia novelada (el cruce de los andes novelado, por ejemplo) o las novelas históricas (una historia de amor en el cruce de la cordillera).

¿Qué temas se aborda o se desarrolla?

Esto ayuda a profundizar. Puede ser amor, fútbol, policial, historia, ciencia ficción, suspenso, etc. Yo, por ejemplo, soy aficionado a la ficción policial y a la literatura fantástica. En no ficción, elijo ensayo, economía y filosofía. Si vas a elegir un libro para alguien que disfruta de una temática particular (diseño, por ejemplo), entonces acortás la búsqeda.

¿Cómo está escrito el libro?

Hablamos del género literario. Los cuatro principales son épico (ejemplo: novela, cuento), lírico (ejemplo: canción o himno), dramático (ejemplo: comedia, tragedia) y diáctico (ejemplo: biografía, ensayo). Si vas a elegir un libro de ficción que hable de fútbol y sean cuentos o narraciones breves, tenés muy definido el horizonte, ayuda a quien te atiende en la librería y la cantidad de libros se reduce. Recordá que todas las categorizaciones son con fines descriptivos y, a veces, quedan chicas.

¿Quién lo escribe?

Nos referimos al autor o autores. A veces, un mismo libro está escrito por más de una persona. Si sabés qué autores funcionan, también la búsqueda se achica. En algunos casos, dos autores diferentes hablan sobre un mismo tema. La elección pasa por el estilo o profundidad el autor. Por ejemplo, la biografía de Santo Tomás de Aquino, escrita por Chesterton, me parece difícilmente superable. Pacho O’Donnel, Félix Luna o Felipe Pigna pueden dar diferentes miradas de un mismo suceso con distintos recursos literarios.

¿Quién lo edita?

Este es un dato que muchas personas no tienen en cuenta. Hay editoriales que «te cuidan la plata». Es decir, si comprás un libro de esa editorial, tenés garantizado cierto estándar de calidad de contenido, de presentación o de traducción.  Por otro lado, hay ediciones económicas, de lujo, con tapas blandas, bilingües, ilustradas y mucho más. Según lo que estés buscando, la oferta es más fácil o más difícil y, por supuesto, cambia el precio.

Así que si estás viendo un regalo para Navidad, para un cumpleaños o, simplemente, para vos, espero que te haya gustado este post. ¿Tenés alguna otra recomendación para elegir un libro?

 
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Publicado por en 23 diciembre, 2017 en Leo que Lee

 

¿Cómo ordenar mi biblioteca?

¿Cómo ordenar mi biblioteca?

En primer lugar, asumo que tu biblioteca no contiene más de 5000 libros y es de uso personal. Si la biblioteca es mucho más grande o es pública, es mejor que acudas a profesionales bibliotecarias o bibliotecarios (recordá que esas personas estudian años para catalogar y ordenar libros). En el peor de los casos, descargá la clave decimal CDU (gratis en este enlace de la CONABIP) y enfrentate con eso.

Asumiendo que sos un amante de los libros, como yo, hay que definir un criterio. Esto no significa que la CDU no te sirva, pero, a mi entender, es demasiado sofisticada para una biblioteca personal, aunque podemos tomar algunas ideas para orientar el trabajo. Tal es el caso de la tabla decimal.

Ahora, como te decía, lo importante es identificar el criterio que vas a utilizar para ordenar los libros. Un mal criterio es mejor que no tener criterio alguno. Todas las maneras de organizar, tienen pros y contra.

¿Por dónde empiezo a ordenar mi biblioteca?

Si me permitís un consejo, la peor de todas las maneras es ordenar los libros por autor.

Biblioteca

Esto tiene dos problemas básicos: por un lado es difícil determinar el orden cuando hay más de un autor, como en una antología, por ejemplo. Por otro lado, perdés la dimensión del volumen que tenés por temática. No se peude determinar, a simple vista, la composición de tu biblioteca y cuántos libros hay, por ejemplo, de microeconomía.

Las que sí te propongo:

  1. Inventariar el libro de acuerdo al orden de llegada a tus manos y colocarlo uno al lado del otro, de corrido, sin nungún tipo de criterio. La ventaja es que no tenés espacios muertos en estanterías, ya que colocás libros hasta que se acaba el espacio pero, como en el caso anterior, tampoco tenés, a simple vista, una verdadera dimensión de los géneros que abundan en tu biblioteca. La desventaja es que si no sos cuidadoso, podés comprar más de una vez el mismo libro. Además, dependés absolutamente de una computadora para encontrar un libro en particular o para hacer búsquedas por género.
  2. Ordenar tu biblioteca por género. Esto tiene varias ventajas. En primer lugar, podés dimensionar cómo está el volumen por género. En segundo lugar, es más fácil encontrar un libro al voleo, sin necesidad de sistemas, y de recordar el lugar. En tercer lugar, esto es importante, muchas veces comparás dos (¡o más!) libros. Es decir, abrís dos libros similares y ves cómo se pelean los autores. Sí, puede ser de nerd, pero creeme que se hace. En cuarto lugar, cuando buscás una temática particular, podés enfocarte en un sector de tu biblioteca y revisar todo rápidamente. Supongamos que buscás literatura fantástica. En 3 o 4 estantes divisás todos los libros y no tenés que recorrer la bilbioteca para sacarlos.

Bonus de orden y uso

Un criterio que vale para libros, herramientas, electrodomésticos y más: lo que no está al alcance de la mano, no se usa, no se ve y no se lee. Siempre dejá a mano los libros y herramientas que usás seguido y guardá en un espacio más alejado los libros a los que no recurrís. Si ese sector no se mueve en un tiempo (un año, digamos) probablemente esos libros terminen en donaciones.

Recontra bonus para ordenar la bilbioteca

Te recomiendo hacer un sector de libros para prestar y esconder los que no se prestan. Cuando alguien te pide un libro, lo mandás a ese rincón oscuro para que se encuentre con los bodrios que nadie quiere leer.

Contame cómo ordenás tu biblioteca así puedo seguir dándole vueltas  a la mía.

 
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Publicado por en 15 diciembre, 2017 en Leo que Lee

 

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El tuertismo ideológico

Si vas paseando y te tapás el ojo izquierdo, podés tener un accidente. Al perder la visión de un ojo se altera la noción de profundidad y el cálculo se dificulta, lo que aumenta la probabilidad de que te estampes contra algo. Lo mismo puede sucederte si te tapás el ojo derecho. Pero todo esto es cosa bien sabida, como es bien sabido que de un ojo ves mejor que del otro.

Cuando tenemos la percepción alterada, es difícil aceptar las diferencias que nos señala el entorno porque, sencillamente, no podemos comprobarlas con nuestra experiencia. Si, además, se nos remarca insistentemente nuestra supuesta equivocación, el desenlace más previsible es una discusión y, por qué no, una pelea.

El tuertismo ideológico funciona de un modo similar. Si leés solamente La Nación o Clarín, la capacidad de percibir profundidad y calcular ciertas distancias se ve afectada. De modo análogo, si solo leés Página 12, te pasa lo mismo. Pero se agrega un detalle: hace varios años que el periodismo dejó de construir las noticias con el sesgo propio de su marca para pasar a ser, abiertamente, aliados comunicacionales de grupos económicos o de poder que tienen su propio interés y su propia agenda. Hoy resulta muy fácil saber qué camiseta tiene puesto cada medio, cuál es la canción favorita del hincha y encontrar el culpable del otro lado de la tribuna. Ya no se trata de encontrar la verdad (independientemente de lo que eso signifique) si no contar una historia desde una mirada de hincha. Vos que corriste en el 2001, dicen por acá; vos corriste por la puerta de atrás en el 2015, dicen por allá.

Cuando empecé a escribir esto el, 7 de agosto de 2017, sabíamos que había desaparecido un tal Santiago Maldonado. El tuertismo ideológico era tan claro en esos primeros días que me llamó la atención. Si mirás el inicio del caso con un ojo y después con el otro, te vas a dar cuenta de algo sorprendente: en lo único que se ponen de acuerdo el derecho y el izquierdo es en que no se sabe nada de él desde el 1 de agosto y que desde allí en más, la mayoría lo estamos buscando, tanto o más, que a los otros desaparecidos en democracia. Y acá la cosa es fácil: te tapás un ojo y podés conjeturar que Santiago está rascándose la panza en la playa o que está escondido o que, en el extremo del cinismo, el mundo no perdió nada. Si te tapás el otro ojo, podés decir que lo desapareció Gendarmería o que se les fue la mano con la reprimenda y ahora lo esconden porque se pudre todo. Eso sin tener en cuenta que entre la manifestación en el medio de la ruta 40 y vos (y yo), que leemos en casa, median miles de kilómetros, los filtros de la justicia, del gobierno y de los mismos medios que construyen la realidad según la bandera que defienden. Todo lo que sabemos del caso, lo sabemos por personas y empresas que acomodan y filtran como les resulte conveniente. Unos alentarán la idea de que Santiago fue desaparecido porque hay planes siniestros del gobierno. Otros dirán que Santiago se desapareció solo porque hay planes siniestros de la tribuna contraria al gobierno.

Pero todo esto se pone más interesante cuando se cambia el ojo con el que se mira en función de la situación: exigís todas las garantías para un ladrón de gallinas (porque lo asiste el derecho) pero acusás con pruebas insuficientes a un gendarme. Es innegable que las fuerzas de seguridad tienen sobrado mérito para ganarse la antipatía de los ciudadanos y esta hipótesis, a una semana del  hecho, sigue siendo fuerte. Aun así: ¿no merecen garantías cuando se los acusa de desaparecer forzadamente a alguien? ¿No merece un profesor acusado de abuso las garantías del procedimiento? Y cuando cambiás la mirada porque no te gusta el delito o te cae mal el acusado; o cuando lo acusaste sin pruebas, lo que estás haciendo es caer en ese espacio que los progresistas se han cansado de defender: el prejuicio no puede usarse como criterio de culpabilidad.

Las personas contamos cuentos a partir de los hechos. Si vemos, por ejemplo, un hombre tirado en el medio de la vereda con una pierna quebrada podemos realizar varias hipótesis para saber por qué está ahí. La menos disparatada asume que el hombre se quebró recién, ya sea por un asalto, caída, golpiza, accidente, etcétera, etcétera. Después podemos decir que vino una camioneta y lo dejó ahí, quebrado, o que lo bajaron unos marcianos. Como hipótesis todas las que tienen un rango de credibilidad se toman y luego se busca evidencia que compruebe o la derribe. De esto saben mucho los abogados que, si no pueden negar la existencia de una persona quebrada, tratarán de desacreditar al hombre, a la evidencia, al marciano o pondrán en duda a quienes la tomaron y la archivaron. A partir de los hechos y la evidencia se cuentan historias. Cinco hechos verificables pueden dar a lugar a una amplísima variedad de historias. La prueba de esto es que la novela policial, la justicia y los periodistas todavía no desaparecieron.

El tuertismo ideológico es una calamidad. El tuertismo selectivo es perverso: alienta a que el sistema sea benévolo con unos y crueles con los otros, y esa selección está basada en creencias, fundadas o no, de las que dependen la culpabilidad de una persona y su condena real y social. Las creencias y lo prejuicios no puede ser tomada a la ligera ni con un ladrón de gallinas ni, mucho menos, con la desaparición forzada de alguien. La culpabilidad por apariencia nos lleva a esa época que todo queremos evitar.

 
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Publicado por en 16 octubre, 2017 en Misceláneas

 

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